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Cómo negociar con tus miedos | Wendy Ramos, actriz y clown

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Wendy Ramos

Vida, trayectoria artística y reflexiones sobre desarrollo personal y emocional de la actriz, comunicadora y clown peruana Wendy Ramos.

En este encuentro, la actriz y clown Wendy Ramos reflexiona sobre la relación que mantenemos con nuestra propia historia, nuestros temores y nuestras capacidades. A través de vivencias personales, experiencias en la enseñanza teatral y anécdotas de su carrera escénica, explica cómo las palabras que elegimos para narrar lo vivido determinan si nos percibimos como víctimas o protagonistas.
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En este encuentro, la actriz y clown Wendy Ramos reflexiona sobre la relación que mantenemos con nuestra propia historia, nuestros temores y nuestras capacidades. A través de vivencias personales, experiencias en la enseñanza teatral y anécdotas de su carrera escénica, explica cómo las palabras que elegimos para narrar lo vivido determinan si nos percibimos como víctimas o protagonistas. Asimismo, plantea la necesidad de abandonar el reproche hacia decisiones pasadas, reconocer que albergamos más posibilidades de las que creemos y aprender a negociar metódicamente con el miedo para avanzar hacia nuestros propósitos sin paralizarnos.

La metáfora del gusano hoja y la reconciliación con la propia historia

Durante una estancia en la Amazonía peruana mientras escribía su libro, Wendy Ramos conoció al gusano hoja, un insecto que vive, come y muere dentro de una hoja que lleva consigo a todas partes. Esta imagen le sirvió como analogía para comprender la relación con la propia existencia: cada persona carga de manera inevitable con su propia historia. Ramos señala que, al igual que esa hoja tiene bordes irregulares o partes marchitas pero también nervaduras hermosas, la vida combina pérdidas y aciertos. Amistarse con la trayectoria personal y sentirse cómodo dentro de ella resulta fundamental para poder avanzar y construir un relato que brinde satisfacción en lugar de sufrimiento.

El abanico de posibilidades y el salto a la vulnerabilidad

A partir de su labor docente en talleres de clown, Ramos explica que los seres humanos poseemos más registros de los que solemos manifestar, aunque las experiencias o mandatos del entorno hayan condicionado a ocupar un espacio reducido. Recuerda cómo una alumna con dificultades para expresarse logró expandir su presencia escénica al tener que imitar a la compañera más histriónica del grupo, demostrando que la capacidad ya existía en ella. De igual forma, Ramos vivió su propio proceso inverso: tras años de hacer un humor basado en la burla y la coraza defensiva, debió aprender a conectarse con la fragilidad. Un ejercicio que la confrontó con el terror a los globos mientras cantaba le permitió experimentar el llanto, el desconcierto y el miedo ante el público sin que nada malo sucediera, descubriendo que la verdadera fuerza radica en permitirse transitar todos los estados emocionales.

La forma en que contamos nuestra vida: tragedia o aprendizaje

Frente a la consulta sobre el impacto de la narrativa personal, Ramos sostiene que una misma biografía puede interpretarse como una seguidilla de desgracias o como un proceso de aprendizaje y afecto. Para ejemplificarlo, narra los mismos hechos de su vida bajo dos prismas: uno trágico, enfocado en la orfandad temprana, cirugías que le dejaron cicatrices y dos divorcios calificados de fracasos; y otro constructivo, centrado en la presencia afectiva de sus familiares, el cuidado médico y la mirada del divorcio como una decisión tomada para buscar la felicidad tras haberse enamorado plenamente. Advierte que asumir el papel de víctima funciona como un algoritmo que solo confirma lo negativo, mientras que cambiar el enfoque permite valorar los recursos y apoyos que también formaron parte del camino.

Autocompasión física y superación de los reproches del pasado

Ramos reflexiona sobre la tendencia común al maltrato interno, tanto con el cuerpo como con las decisiones pretéritas. Relata cómo en una peluquería comenzó a criticar el aspecto de una de sus manos por tener dedos golpeados y uñas dañadas, hasta que comprendió que cada una de esas marcas respondía a actos de protección, cuidado y trabajo cotidiano. Del mismo modo, critica la costumbre de juzgarse por errores de hace años. Asegura que volver atrás en el tiempo conllevaría reaccionar exactamente igual, ya que en aquel instante se actuó con el conocimiento, la energía y el contexto de ese momento preciso. La comprensión actual solo es posible gracias al aprendizaje derivado de lo que ocurrió.

El optimismo precavido y la negociación con el miedo

Al definirse como una persona optimista pero precavida, Ramos explica que su estrategia consiste en prepararse para lo peor mientras se entrega a lo mejor. Lejos de intentar suprimir el miedo, se sienta a dialogar con él para acordar soluciones prácticas que reduzcan la angustia. Esto le permitió realizar su unipersonal teatral repasando la obra entera horas antes de cada función o dictar conferencias preparando presentaciones visuales de respaldo, un puntero sonoro alternativo e incluso un teléfono en la primera fila por si fallaba la proyección. Para Ramos, el miedo se gestiona identificando con claridad qué herramientas o preparativos se requieren para sentirse en calma frente al desafío.

La gestión de metas: listas de sueños posibles e imposibles

Para evitar la frustración sin renunciar a aspiraciones elevadas, Ramos sugiere estructurar los anhelos en dos categorías. Los sueños posibles son aquellos que dependen de la propia responsabilidad y trabajo, como estudiar lengua de señas, donde corresponde buscar los recursos y dedicar el tiempo necesario. Por su parte, los sueños catalogados como imposibles, como ganar un gran premio cinematográfico, albergan deseos que no están bajo el control individual; mantenerlos en esa lista permite desearlos sin angustia si no se cumplen, y vivirlos como una sorpresa extraordinaria en caso de que lleguen a materializarse.

Aprendizajes clave del episodio

  • La narración de la propia historia define la vivencia: los mismos hechos pueden interpretarse desde la victimización pasiva o desde la gratitud y la capacidad de transformación.
  • El ser humano contiene todas las posibilidades expresivas y emocionales, pero a menudo se autolimita por hábitos adquiridos o mandatos ajenos.
  • Aceptar la vulnerabilidad y la fragilidad ensancha el mundo personal mucho más que refugiarse en una actitud defensiva o de constante fortaleza.
  • Es inútil castigarse por elecciones del pasado, pues en el instante en que ocurrieron se actuó con el conocimiento y la energía disponibles en esa circunstancia.
  • El miedo no debe paralizar los proyectos; se le puede gestionar como a un interlocutor, negociando previsiones y adquiriendo las herramientas técnicas necesarias para actuar con seguridad.
  • Distinguir entre sueños posibles y sueños difíciles evita la frustración, delimitando qué metas demandan responsabilidad propia y cuáles dependen de factores externos.