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¿Por qué debes seguir yendo al cine? | Rodrigo Cortés, cineasta y escritor

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Rodrigo Cortés

Trayectoria, procesos creativos y visión artística del cineasta y escritor Rodrigo Cortés, que abarcan la dirección de actores, el uso del confinamiento como recurso dramático, sus influencias literarias y cinematográficas y sus proyectos en cine y narrativa.

En este encuentro del programa Aprendemos juntos, el cineasta y escritor Rodrigo Cortés comparte una profunda y distendida reflexión sobre los mecanismos de la creación artística, la naturaleza del cine y la literatura, y su trayectoria personal.
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En este encuentro del programa Aprendemos juntos, el cineasta y escritor Rodrigo Cortés comparte una profunda y distendida reflexión sobre los mecanismos de la creación artística, la naturaleza del cine y la literatura, y su trayectoria personal. A partir de una firme defensa de la radical inutilidad del arte frente a la tentación moralizante o pedagógica, Cortés desglosa los motivos recurrentes de su obra —como los personajes confinados y los dilemas morales complejos—, su temprana fascinación por relatos como los de Franz Kafka y Steven Spielberg, la decisiva influencia de directores como Martin Scorsese y la delicada dinámica de confianza requerida para dirigir a figuras legendarias como Robert De Niro.

La radical inutilidad del arte y el rechazo a la solemnidad

Cortés inicia su intervención defendiendo la aparente inutilidad de la creación artística frente a construcciones prácticas inmediatas como carreteras u hospitales. Para el autor, las mejores creaciones no nacen de una intención deliberada de salvar el mundo, sino de la necesidad de contar historias auténticas cargadas de contradicciones y ambivalencias. Sostiene que cuando una obra renuncia a dar lecciones, a adoctrinar o a tratar con condescendencia al espectador, es cuando adquiere la posibilidad genuina de comunicar algo valioso. Asimismo, aboga por el uso indispensable del humor como una manifestación de inteligencia y respeto hacia el público, desconfiando de aquellas obras solemnes o dramas desprovistos de oxígeno que recurren al sufrimiento y a la tortura gratuita para aparentar profundidad.

El confinamiento como recurso dramático y la ambigüedad en los personajes

Al responder sobre por qué suele aislar a sus protagonistas en espacios reducidos —como el ataúd de Buried, la celda buscada en Escape o el encierro en su novela Hija del cielo—, Cortés explica que el aislamiento despoja al individuo de escondites, evidenciando su verdadera naturaleza ante fuerzas que lo sobrepasan. En lugar de ofrecer respuestas morales masticadas, prefiere que el lector o espectador decida si los actos de sus personajes son egoístas o victimarios. Esta misma falta de condescendencia se aplica a sus personajes infantiles, a los cuales evita retratar como meros símbolos de bondad; por el contrario, resalta que los niños pueden ser amorales o crueles porque su sistema de valores aún no se ha consolidado, lo que genera un desconcierto perturbador cuando abordan situaciones atroces con absoluta naturalidad.

De la fascinación juvenil al trabajo conjunto con Martin Scorsese

El realizador rememora su infancia en Salamanca, donde devoraba lecturas eclécticas que iban desde La metamorfosis de Kafka hasta libros de Stephen King, a la par que consumía películas sin distinguir entre clásicos en blanco y negro, aventuras o estrenos comerciales. Ese idilio con el séptimo arte alcanzó un punto de inflexión cinético al ver El color del dinero de Martin Scorsese, descubriendo cómo la cámara y el montaje podían sacudir físicamente al espectador. Décadas más tarde, tras coincidir en los Premios Princesa de Asturias y enviarle el montaje de El amor en su lugar durante el confinamiento, Scorsese elogió minuciosamente su trabajo y le solicitó su siguiente guion, lo que derivó en que el legendario director neoyorquino terminara ejerciendo de productor en Escape.

La psicología de la escritura y la dirección de actores al límite del ridículo

Para Cortés, los personajes no son entidades mágicas independientes ni títeres complacientes, sino proyecciones psicológicas que el escritor debe habitar en primera persona para que sus reacciones resulten verosímiles. Este principio se traslada de manera directa al set de rodaje, donde la dirección comienza con un libreto riguroso. Al evocar su experiencia dirigiendo a Robert De Niro en Luces rojas, detalla que fue indispensable despojarse del mito cinematográfico para tratar con el actor real. Explicó que actuar sitúa al intérprete a un milímetro del ridículo, por lo que este solo se atreverá a arriesgar y buscar emociones auténticas si siente la total certeza de que el director sabrá protegerlo y discernir con criterio qué tomas deben llegar al montaje final.

Construcción de universos ficticios y el desafío del biopic histórico

Respecto a sus novelas, Cortés defiende que la ficción no está obligada a calcar la realidad fáctica, sino a articular verdades a través de mundos que posean sus propias reglas internas de funcionamiento. Para ilustrar los retos de la narrativa biográfica, analiza la complejidad de trasladar una vida entera a la pantalla grande sin caer en resúmenes inertes. Ante la hipótesis de disponer de libertad absoluta para realizar un biopic, señala a Jesucristo como una figura poliédrica e inagotable en términos históricos, políticos y espirituales. Destaca cómo aproximaciones tan dispares como la visceralidad comprometida de Mel Gibson en La pasión de Cristo o el enfoque más humano y limitado en recursos de Martin Scorsese en La última tentación de Cristo demuestran la dificultad de capturar un personaje histórico sin fragmentarlo en momentos definitorios.

Ideas clave de la conversación

  • El valor del arte reside en su inutilidad práctica y en su capacidad de reflejar la verdad humana sin intentar adoctrinar ni salvar a nadie.
  • El humor es una necesidad vital y dramática; la solemnidad absoluta y el sufrimiento sin matices empobrecen las historias.
  • Aislar a los personajes en espacios cerrados sirve para desnudarlos emocionalmente y enfrentar al público a dilemas sobre la libertad sin respuestas fáciles.
  • La dirección de actores empieza en un guion coherente y exige brindar un entorno de seguridad donde el intérprete pueda arriesgar sin miedo al ridículo.
  • Para dirigir a una leyenda del cine es indispensable olvidar el mito y concentrarse en el trabajo técnico y humano compartido en el rodaje.
  • La ficción no necesita ceñirse a la realidad cotidiana, sino crear universos coherentes regidos con rigor por sus propias normas.
  • Abordar una biografía cinematográfica exige concentrarse en momentos de quiebre significativos, dado que una vida entera rara vez posee una estructura dramática natural.