A Fondo Con María Jimena Duzán

Los artesanos de la imaginación: 50 años de la Libélula Dorada

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Teatro de Títeres de la Libélula Dorada

Historia, trayectoria artística y gestión cultural de la compañía colombiana de teatro de títeres fundada en 1976 por Iván Darío y César Álvarez, destacada por sus propuestas dramatúrgicas para público infantil y adulto.

Iván Darío Álvarez Escobar, dramaturgo, escritor y titiritero que celebra los 50 años del Teatro de Títeres de la Libélula Dorada. Fundada en 1976 junto a su hermano César Álvarez, esta agrupación nació en una época de fuerte tensión social y política en Colombia
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En este episodio del pódcast A Fondo, la periodista María Jimena Duzán conversa con Iván Darío Álvarez Escobar, dramaturgo, escritor y titiritero que celebra los 50 años del Teatro de Títeres de la Libélula Dorada. Fundada en 1976 junto a su hermano César Álvarez, esta agrupación nació en una época de fuerte tensión social y política en Colombia, marcada por el paro cívico nacional de 1977 y el estatuto de seguridad. A lo largo del diálogo, se repasa la evolución artística del grupo, su independencia frente a los proyectos políticos dogmáticos, el reto de dignificar al póblico infantil lejos del moralismo pedagógico, sus giras internacionales y los desafíos presentes tras la muerte de César, en medio de la reconstrucción de su sede cultural.

Orígenes y el descubrimiento del arte de los títeres

Iván Darío Álvarez recuerda que en su familia no había antecedentes artísticos y que su primer contacto con los títeres ocurrió por casualidad en el barrio, jugando con títeres de guiñol que tenían unas vecinas. Más adelante, durante su juventud en las décadas de 1960 y 1970, él y su hermano César se convirtieron en asiduos espectadores del teatro bogotano de vanguardia y de contenido político (La Candelaria, TPB, Teatro Libre, La Mama, Acto Latino). Aunque inicialmente pensaban formarse como actores de teatro tradicional, descubrieron el trabajo de Beatriz Caballero en el Teatro Cultural del Parque Nacional y la propuesta innovadora del grupo El Biombo Latino. Fascinados por las móltiples técnicas y posibilidades expresivas de los muñecos, decidieron ingresar a la escuela de títeres patrocinada por Colcultura en 1976, marcando el inicio de su trayectoria profesional.

Nacimiento de La Libélula Dorada en un contexto turbulento

La fundación del grupo a finales de 1976 coincidió con un momento crítico en Colombia: el cierre del mandato de López Michelsen, el paro nacional de 1977 y la posterior represión bajo el estatuto de seguridad de Julio César Turbay Ayala. En ese contexto, muchas agrupaciones teatrales funcionaban como brazos culturales de facciones políticas de izquierda. No obstante, los hermanos Álvarez mantuvieron una postura crítica frente al mesianismo armado y la combinación de formas de lucha, defendiendo que el arte debía responder a la libertad creativa y no a directrices partidistas. De allí surgió el nombre de La Libélula Dorada: un insecto que vuela contra la lógica y experimenta metamorfosis constantes, sumado al color dorado como homenaje a la cosmovisión indígena sobre el sol y la bósqueda de lo imposible.

Una dramaturgia sin moralismos y la ruptura pedagógica

En los años setenta, el teatro infantil era un terreno marginado tanto por el Estado como por las compañías teatrales consolidadas, y solía estar supeditado a intenciones estrictamente moralizantes o didácticas. La Libélula Dorada apostó por respetar la inteligencia y la imaginación de los niños. En obras fundacionales como 'La rebelión de los títeres' y 'Los héroes que vencieron todo menos el miedo', subvirtieron la dinámica tradicional haciendo que el títere manipulara y ridiculizara al titiritero, cuestionando así el afán adulto de imponer fórmulas de conducta. Al ofrecer un espectáculo de alta calidad estética con lecturas en móltiples niveles, lograron llenar las franjas matinales de teatros emblemáticos y construir una relación cómplice entre padres e hijos.

Expansión, giras internacionales y creaciones emblemáticas

Con el crecimiento de su propuesta, el grupo comenzó a proyectarse fuera de Colombia. A través de la solidaridad comunitaria de mósicos como Jorge Velosa y compañías teatrales aliadas que realizaron funciones benéficas, reunieron fondos para asistir al prestigioso festival de títeres de Charleville-Mézières en Francia y realizar una gira de tres meses por Europa (Alemania, España y Suecia). De regreso en Bogotá, enfrentaron dificultades para ensayar debido a los disturbios en la Universidad Nacional, lo que los llevó a arrendar un espacio con el Taller de Colombia en La Candelaria, donde crearon 'El dulce encanto de la isla Cracia'. Más adelante expandieron su repertorio hacia el póblico adulto con piezas como 'La increíble historia de la nariz del Dr. Freud', demostrando que los títeres poseen una tradición histórica universal que convoca a todas las edades.

El presente de la fundación y el relevo generacional

La trayectoria de 50 años de La Libélula Dorada se ha sostenido gracias a la lucha gremial por políticas culturales póblicas, como la creación del Ministerio de Cultura y los programas de salas concertadas. Con el fallecimiento de César Álvarez, Iván asumió la continuidad del proyecto apoyado por sus sobrinos e hijos (Anabel, Santiago, Melisa y Lucas), quienes colaboran en la gestión y en la articulación con otras disciplinas como la danza y la mósica. Actualmente, gracias a la Ley del Espectáculo Póblico, su histórica sede en la carrera 19 con calle 51 está siendo reconstruida para convertirse en un edificio cultural de cinco pisos. Mientras concluyen las obras, operan de forma temporal en la Alianza Colombo-Francesa del Centro y presentan una retrospectiva con más de 140 piezas en el Centro Nacional de las Artes.

Puntos clave del episodio

  • La Libélula Dorada surgió a finales de 1976 en medio de una intensa convulsión social y política en Colombia, reivindicando la autonomía del arte por encima de dogmas partidistas.
  • El proyecto resignificó el teatro de títeres al rechazar la pedagogía moralizante, apostando por la imaginación infantil y un doble lenguaje que dialoga tanto con niños como con adultos.
  • A lo largo de cinco décadas, el grupo ha producido más de 25 obras originales y adaptaciones, y cuenta con una colección patrimonial de cerca de mil muñecos.
  • La agrupación ha resistido y consolidado su permanencia gracias a la articulación con el movimiento cultural y la defensa de políticas póblicas estatales para la infancia y las artes escénicas.
  • Tras la muerte de César Álvarez, la fundación vive un relevo generacional apoyado por los hijos de ambos fundadores, preparando la reapertura de su sede propia de cinco pisos en Bogotá.