A Fondo Con María Jimena Duzán

Doris Salcedo trae 82 grabados de Goya para recordarnos que la guerra no nos trae nada

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Exhibición de «Los Desastres de la Guerra» en Fragmentos

Comprende la muestra en Bogotá de la serie de grabados «Los Desastres de la Guerra» de Francisco de Goya en el contramonumento Fragmentos de Doris Salcedo, así como el diálogo entre la representación de la violencia de la invasión napoleónica y el conflicto armado y el proceso de paz en Colombia.

En este episodio, la periodista María Jimena Duzán conversa con la reconocida escultora colombiana Doris Salcedo a propósito de la exhibición en Bogotá de la célebre serie de grabados «Los Desastres de la Guerra» de Francisco Goya. La muestra tiene lugar en «Fragmentos», el contramonumento concebido por Salcedo cuyo piso fue elaborado con la fundición de 37 toneladas de armas entregadas por las FARC tras el acuerdo de paz y martilladas por mujeres víctimas de violencia sexual.
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En este episodio, la periodista María Jimena Duzán conversa con la reconocida escultora colombiana Doris Salcedo a propósito de la exhibición en Bogotá de la célebre serie de grabados «Los Desastres de la Guerra» de Francisco Goya. La muestra tiene lugar en «Fragmentos», el contramonumento concebido por Salcedo cuyo piso fue elaborado con la fundición de 37 toneladas de armas entregadas por las FARC tras el acuerdo de paz y martilladas por mujeres víctimas de violencia sexual. Ambas dialogan sobre la vigencia del testimonio visual de Goya frente a los horrores de las invasiones y conflictos armados, la desmitificación de la guerra como un acto heroico y el paralelismo directo entre las estampas del pintor español y la historia violenta de Colombia. A lo largo de la charla, Salcedo reflexiona sobre la hambruna y el desplazamiento como armas de degradación humana, refuta la noción contemporánea de «batalla cultural» y defiende el arte como un espacio hospitalario indispensable para la crítica al poder y la construcción de consensos basados en el diálogo.

El diálogo entre Goya y el contramonumento Fragmentos

María Jimena Duzán y Doris Salcedo explican el profundo significado de exhibir los 82 grabados de Goya en las salas de Fragmentos. La obra de Salcedo nació a partir del acuerdo de paz firmado entre el Estado colombiano y las FARC durante el gobierno de Juan Manuel Santos; allí, las armas entregadas se fundieron en láminas metálicas que fueron martilladas por mujeres víctimas de violencia sexual en el conflicto armado. Para Salcedo, hacer coincidir este piso cargado de memoria con las estampas creadas por Goya entre 1810 y 1820 busca confrontar las posibilidades de la paz con la devastación absoluta que ocasiona la guerra. La serie del artista aragonés, dividida temáticamente en el sufrimiento civil de la invasión napoleónica, los horrores de la hambruna y las críticas políticas posteriores, dialoga de forma directa con crímenes que la sociedad colombiana conoce de cerca, como las ejecuciones extrajudiciales, la tortura, el despojo y las fosas comunes.

La desmitificación de la guerra y la crudeza de la muerte

Salcedo destaca que la mayor ruptura estética y moral de Goya consistió en despojar a la guerra de cualquier viso de heroísmo, gloria o nacionalismo. Al presenciar directamente los estragos tras la invitación del general Palafox a Zaragoza en 1808, Goya plasmó la violencia como una barbarie indigna ejecutada por ambos bandos: tanto por las tropas invasoras francesas como por los campesinos locales que respondían con sevicia desfigurada. Asimismo, se analiza cómo los grabados muestran cuerpos amontonados y desgarrados que conservan expresiones de dolor y hedor, evidenciando la deshumanización que las tropas enemigas buscaban al dejar los cadáveres expuestos. Salcedo contrasta esta representación artística con las prácticas políticas contemporáneas obsesionadas con la higiene y el orden, como la presentación de restos en bolsas blancas impecables alineadas, las cuales asocia con lógicas fascistas que higienizan el exterminio e impiden sentir el dolor real de la muerte violenta.

La hambruna y el desplazamiento como armas de degradación

La conversación aborda la segunda sección de los grabados, enfocada en el desplazamiento forzado y la hambruna que asoló a Madrid entre 1811 y 1812. Salcedo retoma al jurista Raphael Lemkin para señalar que la inanición deliberada constituye el más degradante de los crímenes englobados en el genocidio, pues desintegra por completo el tejido social, rompe todos los tabúes éticos y fuerza a las personas a venderse o abandonar a sus familias para sobrevivir. Por ser un hecho vergonzante para los propios sobrevivientes, la hambruna casi nunca ha sido abordada por la literatura testimonial ni por los monumentos públicos, con escasas excepciones tardías como en Irlanda o Ucrania. Salcedo subraya que esta dimensión de la obra de Goya trasciende fronteras temporales y geográficas para interpelar tragedias humanitarias contemporáneas en lugares como Gaza, Yemen, Sudán y la crisis alimentaria en La Guajira.

Los caprichos enfáticos y el rechazo a la «batalla cultural»

Al analizar la última etapa de la serie, denominada «Caprichos enfáticos», Salcedo explica el desencanto de Goya frente al absolutismo de Fernando VII y la reimposición de la Inquisición, regímenes ante los cuales el artista respondió con sátiras feroces hacia el clero y la aristocracia que manipulaban la ignorancia colectiva. Ante los discursos actuales promovidos por sectores de derecha sobre la denominada «batalla cultural», Salcedo califica el término como un oxímoron perverso y peligroso. Argumenta que la cultura y el arte son por definición lo opuesto a la guerra: constituyen zonas de hospitalidad y afectividad donde la contradicción y los conflictos sociales conviven para incitar al pensamiento crítico, rompiendo con los eslóganes propagandísticos y los dogmas fanáticos.

La lección no aprendida y la esperanza en la verdad

Hacia el cierre de la conversación, Doris Salcedo sostiene que trajo a Goya a Fragmentos porque considera que la sociedad colombiana todavía no ha aprendido la lección histórica y continúa creyendo erróneamente que la guerra o la aniquilación del adversario pueden generar consenso. Recuerda que la paz plasmada en Fragmentos demostró que el diálogo sin derramamiento de sangre es la única vía hacia la convivencia. Finalmente, analizan los dos últimos grabados de la serie: «Murió la verdad», donde los poderes clericales y nobiliarios intentan sepultar a una figura luminosa mientras la justicia llora en soledad, y «¿Si resucitará?», estampa con la que Goya cierra evitando el nihilismo para sembrar una luz de esperanza en el renacimiento de la verdad, la justicia y las garantías constitucionales.

Puntos clave de la conversación

  • La serie Los Desastres de la Guerra de Goya desmontó por primera vez en el arte occidental el mito heroico y nacionalista del conflicto armado, retratándolo como una carnicería inhumana y degradante para todas las partes.
  • El contramonumento Fragmentos, construido con 37 toneladas de armas fundidas de las FARC y moldeadas a golpes por víctimas de violencia sexual, sirve de escenario para confrontar la violencia universal de la guerra con los frutos del diálogo pacífico.
  • La hambruna es caracterizada como uno de los crímenes más atroces y menos representados en la historia cultural, debido a la culpa, la vergüenza y la descomposición absoluta de los lazos éticos y comunitarios que provoca.
  • El concepto de «batalla cultural» es rechazado por Doris Salcedo como una contradicción perversa, defendiendo que el arte genuino no hace la guerra, sino que ofrece un espacio amplio de hospitalidad y pensamiento crítico frente al poder.
  • Goya culmina su serie gráfica con una interrogante sobre la resurrección de la verdad, recordando que el arte se niega al nihilismo y rescata la esperanza en la justicia frente a la barbarie.