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Atrapados en el hielo: las grandes odiseas del Ártico | Javier Pelaez, divulgador y científico

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Exploración polar

Historia, desarrollo y desafíos de las expediciones científicas y marítimas en las regiones del Ártico y la Antártida, abarcando las técnicas de supervivencia en condiciones extremas, la navegación en el hielo y la interacción con poblaciones nativas.

A través de relatos sobre travesías polares y marítimas, Peláez expone los límites a los que se enfrentaron exploradores, marineros y científicos en entornos hostiles como el Ártico, la Antártida y las profundidades abisales. A lo largo de la conversación, se abordan las motivaciones reales tras estos viajes históricos —predominantemente económicas y de supervivencia antes que románticas—, el papel indispensable de las culturas nativas como los inuits, y la paradoja de cómo expediciones marcadas por la tragedia aportaron datos esenciales para la ciencia moderna.
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En este encuentro, el divulgador y escritor Javier Peláez analiza la historia de las grandes expediciones y reflexiona sobre el auténtico significado del término aventura, alejándolo del uso cotidiano y asociándolo a la exploración científica. A través de relatos sobre travesías polares y marítimas, Peláez expone los límites a los que se enfrentaron exploradores, marineros y científicos en entornos hostiles como el Ártico, la Antártida y las profundidades abisales. A lo largo de la conversación, se abordan las motivaciones reales tras estos viajes históricos —predominantemente económicas y de supervivencia antes que románticas—, el papel indispensable de las culturas nativas como los inuits, y la paradoja de cómo expediciones marcadas por la tragedia aportaron datos esenciales para la ciencia moderna. Por último, subraya que la exploración no debe limitarse a la conquista territorial o a plantar banderas, sino que en el siglo XXI debe orientarse a la protección y conservación de los ecosistemas descubiertos, gravemente amenazados por el calentamiento global.

La definición de aventura y la audaz apuesta de Fridtjof Nansen

Peláez comienza recordando una conversación con el astronauta Walter Cunningham, piloto de la misión Apolo 7, para delimitar las tres condiciones que convierten un viaje en una verdadera aventura científica: aportar nuevo conocimiento a la sociedad, conllevar un grave riesgo para la vida y tener un desenlace incierto. Bajo este marco, el autor destaca la mayor osadía registrada en la historia ártica: la del explorador noruego Fridtjof Nansen en 1893. Mientras que el mayor terror de cualquier marinero polar durante siglos era quedar atrapado en la banquisa —ya que la compresión del hielo aplastaba los barcos, arrebatando a la vez el transporte y el refugio a miles de kilómetros de la civilización—, Nansen decidió encallar deliberadamente. Confiando en el diseño del Fram, ideado por Colin Archer con un casco redondeado para deslizarse sobre el hielo y evitar ser triturado, Nansen buscaba que las corrientes marinas lo transportasen hacia el Polo Norte. Aunque las corrientes lo desviaron y tuvo que emprender una dura marcha en esquís junto a Hjalmar Johansen, sobreviviendo ocho meses en un refugio excavado a la espera del verano, la expedición logró regresar y generó aportaciones científicas capitales sobre los movimientos de la banquisa.

Diferencias polares, magnetismo y la pesadilla científica de Adolphus Greely

El divulgador aclara las notables distinciones entre el Ártico y la Antártida. El Ártico es un océano cubierto por una delgada capa de hielo sometida a deshielos estacionales, rodeado de naciones en tensión territorial y habitado por osos polares. La Antártida, en cambio, es un continente de tierra firme cubierto por kilómetros de nieve, desprovisto de propiedad estatal, reservado a la paz y la ciencia, y hogar de pingüinos. Asimismo, explica la divergencia entre el Polo Norte geográfico (un punto fijo en el eje de inclinación terrestre) y el Polo Norte magnético, variable debido a los movimientos del núcleo de la Tierra. Esta zona hostil, marcada por temperaturas extremas y meses de noche polar ininterrumpida, albergó auténticas pesadillas como la expedición de 1881 de Adolphus Greely. Con el objetivo de instalar la primera base permanente en la isla de Ellesmere para el Año Polar, veinticinco militares estadounidenses quedaron abandonados tras quedar bloqueados los barcos de socorro por el hielo durante años. Pese a que solo sobrevivieron seis miembros en medio de episodios de hambruna extrema y canibalismo, la tripulación registró minuciosamente mediciones de temperatura, viento y presión cada día, generando bases de datos empíricas que los científicos continúan utilizando en la actualidad para modelar el clima histórico del Ártico.

Mitos históricos, motivaciones económicas y la carrera por los polos

Desmontando mitos populares, Peláez desmiente estereotipos sobre los vikingos, como los cascos con cuernos o el término decimonónico «drácar», explicando que la expresión aludía a emprender expediciones y que estos pueblos nórdicos alcanzaron América mucho antes que Cristóbal Colón utilizando técnicas de orientación astronómica y aves como cuervos. En esa línea, aclara que el impulso original hacia las latitudes extremas no obedeció al nacionalismo romántico o al deseo de superación personal —conceptos surgidos en el siglo XIX—, sino a la búsqueda pragmática de rutas comerciales hacia las especias tras el reparto del mundo en el Tratado de Tordesillas. Esta búsqueda de pasos navegables condujo a navegantes como Giovanni Caboto al continente americano septentrional en 1497. Al abordar la conquista efectiva de los polos, Peláez detalla la controversia entre Robert Peary y Frederick Cook, quienes mintieron sobre haber llegado a pie al Polo Norte, lo que desvió a Roald Amundsen hacia la exitosa conquista del Polo Sur en su pugna con Robert Falcon Scott. El Polo Norte geográfico fue sobrevolado inicialmente por Amundsen en el dirigible Norge, pisado tras un aterrizaje aéreo por un equipo soviético, y finalmente alcanzado a pie en trineo en 1969 por la expedición británica de Wally Herbert.

El rescate del Karluk, la sabiduría inuit y la exploración de mares y espacio

Peláez rescata episodios olvidados como el naufragio del Karluk en 1913, promovido por Vilhjalmur Stefansson para buscar tierras ignotas en el Ártico, donde la tripulación y una familia inuit con dos niñas quedaron varadas en la inhóspita isla de Wrangel hasta que el capitán caminó 1.200 kilómetros por Siberia para pedir auxilio. Este caso ilustra la deuda contraída con las poblaciones inuits, cuyas técnicas milenarias de vestimenta, calzado aislante y caza de subsistencia marcaron la diferencia entre la vida y la muerte para los exploradores que, a diferencia de los oficiales británicos aferrados a uniformes y galas, adoptaron sus métodos. Fuera de los polos, examina la colonización del Pacífico por los pueblos polinesios mediante viajes intergeneracionales guiados por mapas estelares —llegando a Sudamérica siglos antes que Colón, como evidencian restos arqueológicos en Chile—, y compara este desafío con la exploración del fondo marino en el abismo Challenger o los futuros viajes espaciales a la Luna y Marte. Como reflexión final, Peláez concluye que travesías como la de Wally Herbert hoy son físicamente imposibles debido a la pérdida de hielo marino, recordando que el avance técnico acumulado en cada viaje debe emplearse prioritariamente en comprender y salvaguardar los ecosistemas explorados.

Ideas clave de la exploración y aventura científica

  • Una verdadera aventura científica exige tres condiciones esenciales: aportar conocimiento nuevo a la sociedad, conllevar un grave riesgo para la supervivencia y tener un final incierto.
  • La exploración polar temprana estuvo motivada por intereses comerciales y la búsqueda de rutas hacia las especias, no por ideales románticos o nacionalistas, que se desarrollaron a partir del siglo XIX.
  • La supervivencia en las regiones árticas dependió de la asimilación de las técnicas milenarias de los pueblos inuits, demostrando que la soberbia metodológica de ciertas potencias resultaba fatal frente al entorno extremo.
  • Expediciones trágicas como la de Adolphus Greely mantuvieron una rigurosa toma de datos diarios sobre hielo, temperatura y viento, proporcionando registros científicos invaluables que aún se usan para comprender el cambio climático.
  • El calentamiento global ha transformado el Ártico de manera irreversible, haciendo inviables expediciones a pie que se completaron hace pocas décadas y evidenciando que el fin principal de la exploración moderna debe ser proteger y conservar el medio ambiente.